Portada del nº 1 de LA BOLSA DE PIPAS

más de diez años de historia

1995-2006

 

 

INVENCIÓN DEL ARTEFACTO


En abril de 1994 Román Piña publicó treinta poemas sobre una noche de copas. Los había escrito de un tirón una mañana sin resaca, tras pasar la noche en compañía de sus alumnos de Griego y Lengua Española por una conocida (entonces) zona de ocio de Palma. El poemario se llamó Gomila Park, y el formato de su publicación fue artesano y alternativo: en varios folios maquetó los poemas de modo que doblados en trípticos y recogidos por una carpetilla, más la ayuda de una gomita, el artefacto se mantenía más o menos de una pieza. En una entrevista realizada por María José Merino el titular destacado fue: “mi libro es como una bolsa de pipas”. Piña se refería a la volatilidad del envoltorio y a la frugalidad de su contenido.
Al cabo de unos meses los poetas Antonio Rigo y Emilio Arnao, que colaboraban junto a Román Piña en el suplemento cultural Arxipèlag, de El día del Mundo (hoy El Mundo-El Día de Baleares) tuvieron la idea de iniciar una colección de libros siguiendo con el formato, original y sobretodo económico, de Gomila Park. Piña no estaba muy convencido de la idea. Ya se había embarcado en alguna revista literaria hacía años y conocía las complicaciones de esta clase de viajes. Pero el entusiasmo de sus amigos lo convenció.
Hubo que escoger un nombre de la colección y los tres directores estuvieron de acuerdo en rescatar aquel titular, que reflejaba bien el espíritu antiacadémico y la visión desenfadada de sus respectivas poéticas. La colección se llamaría La Bolsa de Pipas.
Todo estuvo preparado para presentar el primer número en enero de 1995. Éste recogía diez poemas de Rigo, diez de Piña y diez de Arnao, bajo el título genérico de Le Con de la Muse. No se atrevieron a dejar el título en castellano: “El coño de la musa”. Pocos meses después Juan Manuel de Prada publicó Coños. Los directores de La Bolsa de Pipas se dieron cuenta de que se habían equivocado.

LA PRIMERA BOLSA
 

A principios de enero se presentó en sociedad La Bolsa de Pipas en Deià, en una casa particular a la que asistieron entre otros Nicole D’Amonville, Beryl Graves y Tomás Graves, Xisco Juan y el poeta de Sóller Pere Colom. Una semana después, el 13 de enero, la criatura fue presentada en Palma en la Fundación La Caixa, en el Gran Hotel, ante numeroso público, de la mano del entonces director de El Día del Mundo Basilio Baltasar y de Leonardo Sáinz, un pequeño editor que se animó a costear el proyecto bajo su sello, Monograma Ediciones.
La intención fue publicar números de la colección con una periodicidad bimestral. Así fueron publicándose en el primer año “libros” o “bolsas” de Pere Colom (Almas que no tocas), de Xisco Juan (Crónica de Horas y Encuentros), de Mitsuko y Cardwell (Mordidos por la luna de Mallorca), de Pere Joan y Antonio Rigo (Página Par), de Emilio Arnao (Los taxis), y se fue ampliando el catálogo sin cumplir muy puntualmente la cita bimestral.
La juventud de los directores (Piña y Rigo tenían menos de treinta años y Rigo menos de cuarenta) facilitó en el inicio una labor paralela a la de la edición, y así se iniciaron las tertulias en la librería Tótem de la calle Palau Reial de Palma, bajo el nombre de El Último Jueves, en las que se implicaron especialmente Rigo y Arnao. La librería apenas resistió abierta tres años pero el éxito de las tertulias sobrevivió y aún se celebran hoy. Tras unos años en otro marco, el salón rojo del Palau Sollerich de Palma, actualmente se han trasladado a la librería Literanta.

 

LA CONQUISTA DE LAS FARMACIAS

La ingenuidad de los inicios albergó la esperanza de introducir La Bolsa de Pipas en circuitos alternativos, ajenos a la literatura: barras de bar, expositores de supermercados, farmacias, gasolineras. Nada más lejos de la realidad, ni siquiera en librerías era fácil colocar el producto, demasiado fino y pequeño para soportar la presión de los libros y revistas al uso. Pero las “bolsas de pipas” empezaron a seducir a lectores curiosos y su consumo se estabilizó gracias a las suscripciones, hasta hoy, cuando rondan las quinientas.
El formato sufrió importantes cambios en los primeros tres años. Primero se intentó distribuir la “bolsa” en una funda de plástico, retractilada, pero no funcionó. Después, cuando aparecieron los libros de Díaz de Castro y Miguel Ángel Velasco (nºs 13 y 14), se decidió abandonar el sistema de trípticos-tapas-gomita y grapar las hojas. Por último se añadió una camisa a las tapas en papel, dándole un toque de calidad definitivo a la edición. Así salieron los números 16, 17 y 18, obras de Alberto Blanco, Elisa Roca y Antonio Manilla.
En septiembre de 1998 apareció el poemario Salón de Rechazados, de Antonio Manilla, el último número de la colección La Bolsa de Pipas editada por Monograma. Las dificultades económicas del editor, que además poseía tres librerías, obligaron al parón.


LA CONVERSIÓN EN REVISTA

Tres años después Román Piña se animó a rescatar el proyecto, pero independizándose de la cobertura editorial de Monograma. También rediseñó la publicación, estrenando una cabecera a color con el logotipo de Pere Joan y convirtiéndola en revista, dando cabida en cada número al menos a media docena de firmas, y apostando por muestras de creación breves o fragmentadas. En septiembre de 2000 apareció en número 19, con 24 páginas. Se cumplió la periodicidad bimestral y en un año hasta se pudieron publicar números extraordinarios. En 2003 La Bolsa de Pipas creció hasta las 32 páginas y se duplicó la tirada del 2000. En 2002 se inició la publicación de números súperextra de la revista, la llamada colección La Guantera, libros de pequeño formato de aparición esporádica. La revista sigue empeñada en fomentar la lectura y en promocionar a escritores de calidad estén dentro o fuera de la industria editorial, y especialmente en señalar olvidos imperdonables. La publicación de una antología de relatos de Padrós de Palacios en 2001 responde a este planteamiento.
La escasa participación de autores en lengua catalana animó a Román Piña a acometer una versión en catalán de La Bolsa de Pipas: se llamó Bossanova y apareció por primera vez en mayo de 2004. Publicó durante un años seis números con firmas como la de Josep Pedrals, Joan Pericàs o Xesca Pujol.
A fecha de hoy, finales de enero de 2006, La Bolsa de Pipas ha alcanzado los 60 números tras superar los 10 años de vida.

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