ÁLVARO MUÑOZ ROBLEDANO, entrevistado
III Premio Café Món
Publicación: Septiempre de 2006, Ed. La Bolsa de Pipas

1.¿Por qué escribes poesía?
Aprovecho la ocasión que se me brinda con esta pregunta para protestar,
cariñosamente, desde luego, por la pregunta misma, porque siempre se les
espeta a cuantos versificadores se ponen a tiro, cuando nunca se le ha
planteado a ningún novelista, ni a ningún escritor de teatro, ni a ningún
compositor de canciones. Tras investigar ecdóticamente las diferencias entre
dichos géneros, he llegado a la conclusión de que la pregunta debería
formularse de la siguiente manera: "¿por qué escribe usted poesía cuando
podría dedicarse a escribir algo que le diera pasta?". Pues ahí está la
respuesta: porque no soportaría vivir de mi vocación, así que gasté mi
juventud en buscar una vocación ruinosa.
2.¿La poesía es música, un talismán, un arma?
La poesía puede ser una arma cargada de yoduro, y sí, a veces se parece a
un tal ismán, y algo de musiquilla tiene, aunque sea de la del telediario.
Creo que un poema es un objeto añadido al mundo. Como todos los objetos,
estorba en nuestra vida. Esa capacidad de estorbar es su fuerza.
3.¿Tus poemas son arrebatos o cosa de tesón?
Soy muy crítico con mis poemas. Destruyo todo lo que escribo. Algunos
textos vuelven diez o quince veces, y son eliminados con arRebato y tesón,
hasta que puedo, con unos pocos, pactar su sentido, y pactar que ese sentido
no sea exclusivamente íntimo; entonces les doy una oportunidad, decisión de
la que, invariablemente, me arrepiento.
4. Intereses como lector.
Los poemas publicados en revistas o en libros de pequeña tirada, escritos
por quien no tiene nada que ganar. Ahí están los tipos duros de verdad.
Tengo una pequeña colección, aunque creo que no desdeñable, de poesía
experimental. Eso, Saint-John Perse y José María Álvarez.
Y las novelas de vampiros, aunque todas me decepcionan.
5. Sobre tu obra anterior...
Al principio supuse que podía crear, y me equivoqué. Luego supuse que
podía narrar, y me colé. En un tercer momento quise crear un personaje, y
metí la pata hasta el corvejón. Ahora creo que debo mirar, y mirar, y
mirar...y en eso estoy, hasta que caiga en el error.
6. Sobre Salvoconductos, por favor...
Me ha costado años reunir valor para escribir algunos de los poemas del
libro, y aún me sorprende haber sido capaz. Algunos, incluso, me parecen
buenos, y un par de ellos, muy buenos. Mientras los escribía, estuve en la
cuerda floja sin salir de mi cuarto o de mi vida diaria. Creo que es un
libro que habla de las grietas de la modernidad, de las caras de Bélmez que
nos van a salir siempre en la cocina de nuestro estilo, de la colilla de
Ideales que no se nos cae del labio.